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  • Jessika Rojano

MetamorFEMsis

Actualizado: 27 de nov de 2018

Capítulo 5: “Lis mijiris ni sin griciisis”.



Se acabó, vamos a hablar de LA elefante en la habitación.


Siendo cómica y feminista, en algún momento tenía que abrir este melón y es que, mi paso por la comedia fue decisivo para ponerme las gafas lilas.


Os pongo en antecedentes, los primeros 7 años de mi vida profesional fui abogada en una big law firm, de esos con jornadas laborales infernales y, siendo justos, aunque el patriarcado opera en todos lados*, salvo esto, que no es poco, lo cierto es que en aquel despacho había cierta igualdad entre trabajadores y trabajadoras, todos estábamos igual de puteados.


*por ejemplo, ir a una reunión con un compañero de inferior rango y que lo tratarán a él como al jefe por ser hombre, con el tiempo las mujeres ganábamos menos que un hombre en el mismo puesto si elegías la maternidad, algún jefe que te miraba con ojos “golosones” y algún cliente que le decía a tu jefe “tráela más a las reuniones que al menos nos alegrará la vista”.


PERO nadie dudó jamás, al menos en voz alta, de que las mujeres fuésemos menos litigiosas o conciliadoras y que de por sí, por el hecho de ser hembras, éramos menos competentes en nuestras funciones. Nadie, nunca, jamás, al menos delante de otras personas se atrevió siquiera a insinuarlo.


Tampoco me imagino algo similar en otras profesiones, os imagináis artículos enteros en medios respetables preguntándose ¿son las mujeres médicos menos sanadoras?.


No se me ocurre algo similar y, sin embargo, en la comedia, después del debate de los límites del humor parece que está bien plantear el de ¿son las mujeres menos graciosas?. Así en global.


Acaso ¿son los hombres psicólogo menos sensibles?. Abrimos debate.


Saben lo que opino del "debatito": auxilio, me desmayo, cállese viejo lesbiano.


Porque el debate es tan ridículo que solo se merece una respuesta igual ridícula, y es que solo el hecho de plantearlo me resulta tremendamente sexista y una declaración de intenciones.


Y es que analicemos fríamente lo que se pretende discutir: cuando te cuestionas si las mujeres, todas, no son graciosas, se nos está degradando a una categoría evolutiva inferior a la de chimpancés, bonobos, gorilas, orangutanes, ciertos mamíferos, algunas especies de aves como las cacatúas y de los videos de gatitos (bueno, siendo justos, nada es más gracioso que un vídeo de gatitos).


Koko, es una gorila que conocía unas mil palabras en legua de signos y que recordaréis porque era amiga de Robin Willians (os dejo el video al final)[1], Koko bromeaba y utilizaba la ironía con sus cuidadores y son muchas otras las especies animales de las que se ha demostrado que tienen sentido del humor, como las ratas, que se sabe que tienen la capacidad de reír y de hacer reír de forma consciente, pero si una humana hembra sube al escenario, espera, vamos a debatir.


Y esta es una de las razones por las que al hacerme cómica me vi inevitablemente abocada a hacerme feminista y es que la situación de las mujeres cómicas ruborizaría al más pintado de los machirulos en cualquier otro sector empresarial.


¿De quien es la culpa? Pues mira, de todos y de ninguno, está claro que la sociedad nos impone a las mujeres un mayor sentido de la corrección y muchos más requisitos de protocolo que cumplir y para una mujer, es muy difícil romper con todo eso que desde niña se le ha impuesto.


No obstante, ahora mismo, no somos pocas, como se intenta contar y yo empiezo a dudar que lo hayamos sido alguna vez. No, no somos pocas, somos menos que los cómicos que ves en los carteles pero no somos pocas, ni de lejos, comparto grupo de whatsaap con al menos 30 mujeres cómicas más que están actualmente activas en España (y solo hay monologuistas, si empiezo a tirar de otras disciplinas os cagáis).


Lo que en realidad queréis decir cuando decís que somos pocas es que no conocéis nuestro trabajo.


Y ¿Por qué no conocéis nuestro trabajo?


Pasen que les cuento una historia: mi bisabuela Rosa Elena Bobadilla, era una actriz cómica y cantante dominicana (allá por los años ’20), una de las primeras mujeres en la escena, de hecho fue desheredada por su decisión de ser artista, lo dio todo por la escena y estaba casada con un señor llamado Eduardo Brito (tened paciencia que esta historia llega a una conclusión razonable).


Eduardo Brito a día de hoy se le conoce como “el cantante nacional de Republica Dominicana”, el teatro nacional de tal país lleva el nombre de mi bisabuelo, y sin embargo, a mi bisabuela, que también era cantante y actriz cómica de su compañía, que le acompañó en todas las giras, siendo la protagonista de todas y cada una de sus zarzuelas la historia solo la recuerda así:


En 1928 (Eduardo Brito) conoció a la vedette Rosa Elena Bobadilla, que habría de convertirse en su esposa y compañera inseparable. La boda se celebró el 3 de noviembre de ese año y a los pocos días ambos se presentaron en Haití con un cuadro artístico al que denominaron "Los Internacionales".


Cuatro líneas desde luego no parece una biografía, ni hace mérito a su figura, a pesar de haber sido una de las actrices cómicas más importantes e internacionales de su época, tanto como su marido, pero la historia la borró y la relegó al único papel que podían (y tristemente pueden) tener las mujeres: el de esposa de.


Sigamos en este viaje en el tiempo, vamos más cerca a 2015 cuando salté al mundo del stand up comedy, entonces solo conocía a dos mujeres más que se dedicaban a esto: Carmen Cabeza y Petite Lorena, dos cómicas canarias que conocía porque las tenia cerca y por supuesto a Eva Hache y a Ana Morgade (esto como cualquier españolito). Lo cierto es que busqué en google hambrienta por referencias “cómicas españolas” y de la búsqueda no resultó ninguna, ¡¡NINGUNA!!*[2]


«Bueno, pues soy de las “pocas”», me dije resignada, al verme incapaz de hacer genealogía y ante la falta de referentes femeninos en España me sentí huérfana.


Hoy recordar esto me resulta alucinante porque Sandra Marchena, Velilla Valbuena (que además es unA de las Chanantes), también estaban Belén Rubio, Carolina Noriega, Esther Gimeno (que ya para entonces llevaban 10 años en la escena), Eva Cabezas, Sil de Castro, Raquel Sastre, Sara Escudero, y otras que llevaban años de trabajo a sus espaldas en los escenarios y salas españolas.


Después, en un concurso de monólogos, otro cómico me habló de Patricia Sornosa, vi un video de ella y me dije. Esto, es esto, joder!


Ya para entonces me había puesto las gafas lilas y luego me fui encontrando cada vez más mujeres cómicas por el camino con las que he compartido escenarios, cartel o una birra: Pili Batista, Charlie Pee, Carol de Miguel, Maria Doliu, Pepi Labrador, Neus Motos, Nuria Jimenez, Susi Caramelo, Valeria Ros, Eva Soriano, Carol Tomás, Coria Castillo, Dianela Padrón, Vera Montessori, Silvia Spark, Malala Ricoy, Elsa Ruiz (lista que para nada pretende ser enumerativa sino solo descriptiva porque son muchas más). Cada una de estas tiene un estilo, trayectoria y posición diferente en la comedia pero todas ellas son mujeres y cómicas y en activo y ¿a que la mitad de la lista no te suena de nada?


Luego apareció el grupo de whatsaap, este año, y flipe de la cantidad de cómicas que no conocía y que estaban repartidas por toda España y a las que también les pasaba lo mismo que a mí, no sabíamos ni que existíamos, ni siquiera dentro de la misma profesión.

Con esto no estoy queriendo decir que haya una conspiración intentando invisibilizar a las cómicas, no. Quiero decir que el menosprecio y desconsideración por nuestro trabajo por lo medios de difusión es verdaderamente alarmante y da qué pensar y además contamina al público que nos va a ver.


Como respuesta a esta situación, hemos tenido que autogestionarnos, porque la situación en el circuito de comedia no es mucho mejor, y este artículo no está pensado para buscar culpables, el que crea que tiene responsabilidades en todo esto que se apee a pensar y si no las tiene pues que siga con su vida tan tranquilx, pero si crees que puedes hacer algo para solucionarlo, pues hazlo.


Y ya se que hay compañeros que piensan que nos programan con más facilidad porque hay un mercado que pide mujeres y los locales reclaman esa “cuota”, y no es mentira, si te refieres a la primera vez que nos programan y/o sobre todo al mes de marzo, ahí si que trabajamos un huevo pero de qué sirve si el problema sigue siendo el mismo.


A saber, al subirnos al escenario, el público, sobre todo si te vas a la España profunda, sigue dudando de nuestra capacidad como profesionales solo por ser mujeres.


Además, de que tienes que ser ni muy guapa, ni muy fea, ni muy gorda, ni muy flaca, ni muy vulgar, ni muy sexual, ni muy, ni muy, ni muy… ¿cómo se puede hacer comedia con tantos ni muy?, si además romper con esos ni muys también se paga caro.


Si a eso le sumamos, el detallito de que el imaginario colectivo universal es el masculino. Y aquí me remango para explicarlo: en el stand up comedy, la mínima expresión de este espectáculo cómico es lo que llamamos GAG, que es la suma de premisa (que te lleva a un ideario general) y remate (que rompe la idea que venias planteando en la premisa) y la sorpresa que genera la confrontación de una idea con la otra es lo que genera la risa.


En consecuencia, para que un chiste haga gracia primero hay que entenderlo y para entenderlo tiene que proceder de un imaginario común tanto la premisa, como el remate.


Bien, si desde el feminismo se defiende que en todos los ámbitos de la cultura (cine, teatro, literatura, etc) el punto de vista del narrador siempre es el masculino y que ese punto de vista se ha situado como el universal, la mayoría de premisas y remates que se han venido haciendo en nuestro país pertenecen al ideario masculino, por cuanto, en lo que una mujer hace un chiste basado en un imaginario que diste de este “ideario masculino=ideario universal”, la mitad del público no lo entiende y, por tanto, no ríe.


Porque además el universo tradicionalmente femenino: el mundo de los cuidados, la casa, la regla, la depilación, además de ser temas tabú y de poco valor, no se ha aireado lo suficiente para que vuestro imaginario femenino sea rico. ¿No les cabrea esto chicos?


Así, un espectáculo cómico hecho por un hombre se entiende para el público general, mientras que un espectáculo hecho por una mujer, al no haber un ideario común de lo femenino, en el mejor de los casos se relega a la categoría de “solo para mujeres”.


Y ojo, que no estoy diciendo, que todas las cómicas tiramos de imaginario femenino, pero os puedo asegurar, por experiencia, que cuando lo haces la risa cambia, se convierte en una risa incómoda.


Tampoco estoy diciendo que si no te gusta alguna cómica te esfuerces en reírte, porque a lo mejor es que no es graciosa o no está teniendo su mejor día o no es tu tipo de humor, que también pasa, que digo que no prejuzgues su trabajo antes de salir si quiera al escenario solo por ser mujer.


Por eso, si te reconoces como mujer, esto te tiene que cabrear y mucho, sí a ti, la que lee, porque aún siendo el 50% del público, la oferta en salas y teatros de comedia escrita, dirigida y ejecutada por mujeres en el país no llega al 10% (hablo solo de Stand Up Comedy) y claramente sales perdiendo como consumidora porque te restringen la oferta de la comedia que podrías ver.


Y si eres chico, te estas perdiendo del amplísimo y precioso punto de vista de una narradora mujer.


¿Cómo lo cambiamos Jéssika? quiero cambiar esta mierda ¿cómo lo hago? Pues empieza ampliando ese imaginario yendo a ver cada vez más buenas cómicas (antes te he puesto un listado, te invito a que nos descubras en redes y busques la que más te guste y que vayas a nuestros espectáculos en vivo).


Por último, quiero hacer un llamado a los empresarios de la comedia ¿por qué os empeñáis en perder dinero?


Y ahora os hablo de empresaria a empresario/a: la comedia que soléis programar tiene un target muy concreto, a saber, hombre blanco heterosexual de entre 25 a 50 años, de clase media alta, que muchas veces no va a ver comedia porque prefiere el fútbol[3].


Si bien los estudios de mercado sobre el tema revelan que de las personas que consumen cultura (las que compran entradas), entre un 60% a un 75%, son mujeres[4].


Es decir, en este país, los comediantes -hombre y mujeres-, en realidad hacemos comedia para un público mayormente femenino. ¿Por qué os empeñáis en alimentar un target que ha ido dejando morir progresivamente el circuito de comedia en este país? Es algo que no alcanzo a entender.


Prueba de que la comedia femenina funciona, si apuestas por ella, es la Riot Comedy que se estrenó el 17 de mayo de este año en la Sala Superlativo de Madrid, como no, dirigido por una mujer cómica Penny JayG, la Riot es un open mic de comedia hecha por mujeres que nació para dar visibilidad a las cómicas y por el que han pasado ya unas 33 cómicas y ¡oh! sorpresa, en menos de una año, han tenido que doblar las funciones porque han colgado el cartel de sold out en todas y cada una de las funciones y no solo eso, el éxito ha sido tan grande que en breve se irá de gira por España. Todo este trabajo le ha valido incluso para que El Mundo les hiciera un artículo.


Otra prueba, es el Circuito Café Teatro de Valencia que este año ha tenido un cartel solo de mujeres cómicas con excelentes resultados.


¿Queremos que todos los espectáculos de comedia sean de mujeres?, pues mira, pues no, me encanta ver a mis compañeros, pero desde luego el público al que os enfocáis irá cambiando progresivamente si empezáis a programar cada vez más mujeres cómicas con propuestas interesantísimas y vuestras salas estarán cada vez más llenas de público, cada vez más interesante.


La nueva comedia será paritaria o no será.

[1]https://www.google.es/search?q=koko+y+robin+williams+subtitulado&oq=koko+y+robin+&aqs=chrome.1.69i57j0l5.7118j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8


[2] Hoy por suerte hay listados muy amenos hechos por revistas o periódicos normalmente cercanos al día de la mujer.


[3] Que no, que no estoy diciendo que no haya mujeres a las que les guste el futbol o que no haya hombres a los que no les gusta, son datos estadísticos que son objetivos como los telediarios que no tenemos en este país.


[4] Datos sacados del libro “Las Humoristas” de Isabel Franc.

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